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Los datos recientes ilustran la magnitud del problema. Tan solo en marzo de 2026, se registraron más de 2,4 millones de visitas a urgencias en Inglaterra, junto con más de 550 000 ingresos de emergencia. Al mismo tiempo, más de 120 000 pacientes sufrieron retrasos de más de cuatro horas desde que se decidió su ingreso, y decenas de miles esperaron más de 12 horas.
En Escocia, la situación es igualmente preocupante. En febrero de 2026 se registraron más de 122.000 visitas a urgencias, de las cuales solo el 66,41% de los pacientes fueron atendidos, tratados o dados de alta en un plazo de cuatro horas.
Estas no son cifras aisladas. Son indicadores de un problema que afecta a todo el sistema y que se extiende mucho más allá del propio servicio de urgencias.

El desempeño en la atención de urgencias y emergencias suele considerarse un problema exclusivo del servicio de urgencias. En realidad, se trata de un problema que afecta al flujo de pacientes a lo largo de todo el proceso asistencial.
La presión comienza incluso antes de que lleguen los pacientes, con tiempos de respuesta de las ambulancias y retrasos en el traspaso de pacientes que reflejan la disponibilidad de camas en los hospitales. Continúa durante el triaje, la evaluación y el tratamiento, y suele sentirse con mayor intensidad en el momento del ingreso, donde la disponibilidad de camas se convierte en la principal limitación.
El retraso en el alta es un factor que contribuye significativamente. En Escocia, casi 2000 camas de hospital estuvieron ocupadas cada día en febrero de 2026 por pacientes que estaban médicamente aptos para recibir el alta pero no pudieron hacerlo, con un retraso medio de 29 días.
Cuando el flujo de pacientes se ralentiza en cualquier punto, el impacto se siente en todas partes. Las ambulancias hacen cola, los servicios de urgencias se saturan y los pacientes esperan más tiempo para recibir atención.
Uno de los síntomas más visibles y preocupantes de esta presión es el aumento de la llamada atención en los pasillos.
Una reciente respuesta del gobierno ha llevado a que expertos del NHS se encarguen directamente de abordar este problema, reconociendo tanto su prevalencia como sus riesgos. El Organismo de Investigación de la Seguridad de los Servicios de Salud ha sido claro en sus conclusiones: los entornos de atención temporal, incluidos los pasillos y los espacios no clínicos, presentan importantes problemas de seguridad para el paciente. Estos problemas incluyen dificultades para monitorizar a los pacientes, acceso limitado a equipos como el oxígeno, mayor riesgo de infección y menor privacidad y dignidad.
La atención en los pasillos no es una solución. Es un síntoma de capacidad insuficiente y flujo restringido.
Para abordar este problema se necesita algo más que ajustes operativos. Se requiere la creación de entornos adecuados y clínicamente compatibles que puedan absorber la demanda de forma segura.
La política nacional se ajusta cada vez más a esta realidad.
El Plan de Atención Urgente y de Emergencia del NHS para 2025/26 establece un objetivo claro: reducir las largas esperas, mejorar los tiempos de traspaso de ambulancias y eliminar la atención en los pasillos. Fundamentalmente, cuenta con el respaldo de una importante inversión de capital, que incluye más de 370 millones de libras esterlinas para ampliar la capacidad mediante nuevas unidades de atención de emergencia el mismo día, centros de tratamiento urgente y otras infraestructuras.
Este es un cambio significativo. Refleja un reconocimiento cada vez mayor de que el rendimiento operativo no puede mejorar sin la capacidad física que lo respalde.
El despliegue de expertos del NHS para abordar la atención en los pasillos refuerza aún más esta línea de actuación. El objetivo no es solo mejorar los procesos, sino también garantizar que los pacientes reciban tratamiento en entornos seguros y adecuados.
La cuestión fundamental para los líderes del sector sanitario no es si se necesita capacidad adicional, sino dónde tendrá el mayor impacto.
La experiencia en el NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido) demuestra que las intervenciones dirigidas a puntos clave de presión pueden transformar el flujo de trabajo:
Las instalaciones para la transferencia de pacientes en ambulancia pueden reducir las demoras en la entrada, lo que permite una rotación más rápida de los equipos y mejora la capacidad de respuesta del sistema.
Los entornos de clasificación y triaje, como las Unidades de Lesiones Menores y los centros de atención de urgencias del mismo día, pueden garantizar que los pacientes sean dirigidos a la vía más adecuada desde el principio.
La ampliación de las salas de hospitalización y las salas de espera para pacientes dados de alta puede aliviar la presión en la fase de ingreso, liberando camas y facilitando la admisión oportuna desde los servicios de urgencias.
Estas no son soluciones teóricas. En el Hospital de la Ciudad de Peterborough, un sistema de traspaso de pacientes en ambulancia facilitó el tratamiento de más de 15 000 pacientes, reduciendo las demoras y mejorando el flujo de pacientes. En el Royal Infirmary de Edimburgo, una Unidad de Lesiones Menores ubicada en el mismo centro ahora atiende hasta 100 pacientes por día, aliviando la presión sobre el servicio de urgencias y mejorando la priorización de pacientes.
Lo que demuestran estos ejemplos es que la capacidad, cuando se implementa en el lugar adecuado, tiene un impacto desproporcionado en el rendimiento.
El tiempo es un factor crítico. Los proyectos de inversión tradicionales pueden tardar años en completarse, mientras que las presiones operativas son inmediatas.
Aquí es donde la infraestructura flexible desempeña un papel vital.
Las instalaciones sanitarias móviles y modulares pueden desplegarse rápidamente, a menudo en cuestión de semanas, proporcionando entornos clínicos que cumplen con todas las normativas y se integran con las infraestructuras hospitalarias existentes. Permiten a las juntas y fideicomisos de salud responder a los aumentos estacionales de pacientes, respaldar programas de transformación a largo plazo y mantener rutas de atención seguras para los pacientes durante los períodos de máxima demanda.
Es importante destacar que también se ajustan a los modelos de financiación actuales, ofreciendo flexibilidad tanto en los presupuestos de ingresos como en los de capital.
Los retos a los que se enfrenta la atención urgente y de emergencia son importantes, pero no insuperables.
Ahora existe una clara alineación entre las políticas, la financiación y las prioridades operativas. El enfoque se está desplazando hacia la creación de la capacidad necesaria para brindar una atención segura y oportuna a lo largo de todo el proceso asistencial del paciente.
Para los líderes del sector sanitario, la oportunidad reside en traducir esta visión en acciones concretas. Esto implica identificar dónde se presentan las mayores limitaciones de capacidad e implementar soluciones que generen un impacto inmediato y duradero.
Si está revisando su capacidad de atención urgente y de emergencia, o planificando cómo afrontar las presiones actuales, le invitamos a explorar cómo una infraestructura flexible puede ayudar a su organización.
Puede descargar nuestro folleto de atención urgente y de emergencia aquí:



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